Melaito

Los 50 del primer hijo

Caaricaturas de los integrantes del colectivo del suplemento humorístico Melaíto, de Villa Clara, Cuba.
Los integrantes del colectivo del suplemento humorístico Melaíto. (Caricatura: Linares)
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Vino al mundo con un fin específico, pero no como esos niños que se deciden tener para arreglar problemas maritales. Melaíto fue el embrión surgido en un momento de euforia nacional —la Zafra de los Diez Millones—, lo cual justifica que el 20 de diciembre de 1968 se le bautizara con un nombre harto elocuente y veloz: A millón.

Fue así como nació el primer hijo-suplemento de la entonces jovencísima editora Vanguardia —de apenas seis años—, logrando, a golpe de puro virtuosismo, no solo espolear humorísticamente la proeza productiva que se pretendía librar en los cañaverales cubanos, sino abrirse paso en el alma de los villaclareños para anidar allí durante medio siglo.

Pedro Méndez Suárez —padre fundador, caricaturista y dibujante—, rememoraba años atrás aquellos días de risas e inicios. «El objetivo del suplemento no era otro que estimular la zafra, pero cuando pasó lo que pasó y no se pudo cumplir la meta, el país dictaminó que debían eliminarse todas las publicaciones que habían surgido con esa finalidad. Sin embargo, el entonces segundo secretario del PCC en Villa Clara, Virgilio Monteagudo, se reunió con el equipo de periodistas y humoristas para impedir que lo eliminaran, pues estaba muy arraigado en el gusto popular».

¡Adiós A millón! A partir de entonces sería rebautizado como Melaíto, ya que ese era el nombre de un personaje reiterado en las páginas del suplemento.

¡Y se hizo —se hace— el humor! Del bueno, del inteligente, del que libera carcajadas, mueve el pensamiento y aplica para cualquier contexto. Fueron, y son, una familia. Pedro, Douglas Nelson (el Chispa), Panchito, Ajubel, Castell, Damián, Delvis Catoni, la Farfán, Espina, Linares, Roland, Martirena…. decenas de colaboradores, gente que se fue, pero continúa en cada trazo, más de 200 premios nacionales e internacionales, una veintena de libros, exposiciones personales y colectivas y murales que llegaron a las calles de Santa Clara para llevarles belleza, reflexión y alegría. 

Mucho ha llovido en 50 años. Las sucesivas variaciones en las políticas editoriales, crisis y urgencias circunstanciales, exigieron que Melaíto modificase su formato y frecuencia de publicación. Tras la época de «vacas gordas» en los ochenta —período en el que se editaba semanalmente con ocho páginas—, el colapso económico  de la última década del siglo xx detuvo al país en un letargo agónico.

Tinteros secos, nada de papel. No circularía nuevamente hasta diciembre de 1997, en forma de mensuario. Hoy, más delgado que antes —cuatro páginas—, sale quincenalmente.

Lo devoran. Lo persiguen revendedores, niños, profesionales, adolescentes; gente con más o menos nivel intelectual. Sucede que Melaíto tiene para todos. Costumbrismo, humor político, décimas escritas por gente de pueblo… Cuba «en dibujitos», trazada al amparo de un código universal de la comunicación: hacer reír, pero hacerlo bien.

En Céspedes #5, a pocos pasos del corazón de Santa Clara, continúan plantados Adalberto Linares, Rolando González y Alfredo Martirena en la nómina de dibujantes, junto a Celia Farfán, la diseñadora de siempre. Gente increíble. «Cincuentones» de lujo.

Una familia pequeña con brazos larguísimos para abrazar el talento.